El Oktoberfest comienza tradicionalmente en el penúltimo sábado de septiembre al mediodía, cuando el alcalde de Múnich abre el primer barril de cerveza y grita O’zapft is – la pronunciación bávara de “angezapft ist es” (ein Fass anzapfen = espitar un barril) – para anunciar que el barril está abierto y que la cerveza fluye.

El Theresienwiese (o también Festwiese) está plagado de enormes carpas que se instalan allí durante el verano europeo. Estas carpas están regentadas por diferentes destilerías de cerveza que sirven seis deliciosas cervezas diferentes propias de Múnich.

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Hay restricciones que impiden a los adolescentes entrar a algunas carpas, por lo que es importante tener en cuenta a qué carpas puedes ir. Además de la cerveza, las carpas varían en ambiente, decoración y popularidad.

 

La cerveza se sirve en jarras de un litro (que se llaman Maß) y siempre hay que dar 10 euros por ellas, incluso si cuestan menos, ya que se considera de muy mala educación no dejar una propina a tu camarera.

 

Las camareras llevan los típicos trajes regionales bávaros conocidos como Dirndl y la mayoría de ellas son capaces de llevar al mismo tiempo más cervezas de las que tú serías capaz a beber. También se sirven bebidas no alcohólicas y hay un Weinzelt (carpa de vino).

Este maravilloso festival de la cerveza se trata de una celebración colectiva. La gente canta, corea y baila, a veces incluso encima de las mesas.

 

Las actividades del Oktoberfest también incluyen una gran selección de atracciones de feria y puestos donde puedes comprarles a tus seres más queridos un Lebkuchenherz, un corazón hecho de pan de jengibre.

 

¿Un plus? Si sabes hablar alemán podrás disfrutar mucho más de tu visita al Oktoberfest en el país germano.

 

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