Los hurones son juguetones, activos, curiosos y amorosos. Son mascotas maravillosas, pero antes de que te enamores de uno de estos animalitos o te animes después de hablar con un dueño de hurón encantado, hay algunas cosas que debes considerar.

Tiempo

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Los hurones son excelentes mascotas para las personas que tienen tiempo para ellos y que se relacionan bien con los animales. Los hurones son naturalmente tranquilos, curiosos, inteligentes y amigables. En ciertos momentos del día, también son extremadamente activos y capaces de meterse en problemas a menos que sean supervisados. Su inteligencia los hace compañeros interesantes, y pueden divertirse incluso cuando no estás cerca. Pero requieren atención e interacción con sus dueños; su salud mental y física depende de ello.

Compatibilidad

¿Qué tan bien se llevaría un hurón con tus hijos u otras mascotas? Un hurón es una mascota exigente para un niño, ya que requiere una supervisión adulta cuidadosa y la madurez del niño. El niño debe ser capaz de reconocer que un hurón se comporta de forma diferente a un perro, gato u otra mascota. El niño también debe ser lo suficientemente mayor como para manejar la responsabilidad de cuidar al hurón. Los hurones no se recomiendan para un hogar con niños menores de 6 o 7 años.

Debido a que son cazadores naturales, los hurones generalmente no pueden ser entrenados para llevarse bien con aves, peces, conejos, roedores o lagartos. Si tienes alguno de estos animales en casa, deberá vigilar en todo momento. Pero los hurones generalmente pueden ser entrenados para llevarse bien con gatos y perros.

Agresividad

Los hurones pueden ser entrenados para adoptar un comportamiento adecuado, de la misma manera que los gatitos y cachorros se les enseñan qué comportamiento es el apropiado. Un hurón domesticado no será cruel o agresivo, pero está en su naturaleza disfrutar de juegos que simulen la caza, el tira y afloja, la persecución o el combate simulado. Un hurón joven no entenderá lo que te duele y lo que no te lastima hasta que comuniques los límites. Depende de ti establecer esos límites de manera apropiada, sin lastimar a tu hurón ni enseñarle a temer o desconfiar de ti.

Algunos hurones responden al miedo, el dolor, ciertos ruidos o acciones mordiendo. La clave para cambiar ese comportamiento es comprender y eliminar la razón subyacente. Si es un ruido, elimina la fuente del ruido. Si se trata de una acción de tu parte, intenta evaluar tu comportamiento desde el punto de vista de tu hurón. Tu hurón no lo hace porque es malo o con la intención de hacerte daño.

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